lunes, 10 de febrero de 2014

El cualquier político - La bestia del lunes


"Los desentendidos podrían creer que lo que le cuelga del cogote es una corbata, una bufanda, o que se cubre suavemente con cuellos de tortuga. Se equivocan; en realidad posee un apéndice que cambia de color como los artistas pop y los trajes de baño de las presentadoras de farándula."

Ilustración de Pawel Kuczynski

Es conocido como el “Rey de la corrupción”. “El ladrón mayor” le dicen con cariño sus pupilos, los burócratas farsantes que quieren ser como él. El cualquier político ha sido engordado con las garantías que les faltan a las otras bestias del Colombestiario. Los desentendidos podrían creer que lo que le cuelga del cogote es una corbata, una bufanda, o que se cubre suavemente con cuellos de tortuga. Se equivocan; en realidad posee un apéndice que cambia de color como los artistas pop y los trajes de baño de las presentadoras de farándula.

Hay temporadas en que el azul pasa de moda, entonces el apéndice se pone rojo como un tizón, carnoso. Si uno pasara un machete quitando el moco parecido a corbata no dejaría de manar sangre por muchos días. Los colores políticos en el Colombestiario tienen en sí tanta sangre, que a uno decidieron ponerlo rojo, con el fin de disimular; otro azul porque la sangre reposada se pone de ese color, es por eso que es un azul podrido; otro combinado, para crear una doble labor, se mata y se descompone. Existe el partido con la U de un mesías que se les volvió rebelde, ahora apunta con su mano derecha engatillada al lugar donde nunca ha tenido el corazón. Existen colores políticos a la vez iglesias, pero igual todo color político es tan sectario, cerrado y arbitrario como uno de esos monstruos de piedra que aún sobreviven en nuestras plazas y que mutan dentro de los barrios con sus ventanales azules y su música escandalosa para atraer incautos. También existen el color político amarillo, descolorido de lo simple, un color político éste sin cojones y sin sangre; el verde mareado, inconsistente, vacilante y otro que se pinta de colores, se hace llamar “humano” y hay quien cae. El humano es la bestia más terrible del Colombestiario, se ha reproducido y mutado en muchas bestias de miedo.

A los cualquier políticos se les ve en las plazas de los pueblos, zapateando, inflando el cogote y alzando el apéndice, sudando, desgañitándose. Son furiosas bestias prometedoras; en una tarde arreglan un pueblo, un planeta. Los problemas del Colombestiario son pocos, “qué queda por hacer, si todo lo hemos venido haciendo tan bien…”, puede leer uno en la mente de los cualquier políticos. Le da una lechona a doña Blanca Bestia Campesina con el fin de alegrar sus adiposidades y a don Pedro Bestia Obrero le da 200.000 pesitos para que se vaya de putas.

El cualquier político siempre está dando versiones encontradas y salvándose de imprevisto en el último momento, bajo la pelambre de porquería del Gran Monstruo Político que se sienta en la cima del Colombestiario. Es un monstruo asqueroso, su indigestión puede sentirse en todo el Colombestiario y su mierda debe ser recogida, junto a la de las mismas bestias comunes, por manadas de obreros pestilentes, a los que les encantan las porquerías que les envían por una pantalla: se las tragan extasiados como si fuera ambrosía, cuando en todos los casos, sin excepción, es pura mierda. Los han querido llamar, por darles un nombre, hacerlos sentir mejor y ser útiles para su caridad, pobres.  

Algunos cualquier políticos tienen de bestia desde el apellido, otros creen que por nombrarse como santos pasarán por generaciones impunes. El caso es que el cualquier político varía en sus especies, desde unos que ponen cara de santos a otros que son ampones presumidos, desde los que se creen redentores del pueblo, hasta los que se confiesan asesinos porque no les dejó otra opción la situación del Colombestiario.

El cualquier político abunda, es una bestia de cuidado, pero la mayoría se olvida de esto y lo creen inofensivo; es más, creen que va a salvarlos. Hay algo que es importante saber y tener claro, ni en el Colombestiario, ni fuera de él, ni en un Universo imaginable es posible salvarse.


Cada 3 o 4 años, según lo disponga un cualquier político seboso que se ha retirado a ver cómo compiten sus colegas, se realizan carreras de cualquier políticos. Las bestias comunes apuestan a un color y un número que representa el grosor y largo del apéndice similar a una corbata. En las carreras, bambolean sus apéndices, que se ven hinchados por las pantallas, como bombas de látex que pronto terminan reventándose. Pocos salen bien librados, con la corbata en su lugar, del color que la tenían antes de la contienda; la mayoría se ven agotados, chupados, quemados, entonces meten la cabeza debajo de las patas, no se les ve por un tiempo en ninguna de las partes en las que antes inflamaban sus cogotes y sus apéndices parecidos a corbatas. Se han guardado en sus cuevas a conspirar, a seguir rumiando su pedazo de Colombestiario, a prepararse para la próxima carrera, aún no saben de qué color habrá que poner el apéndice.  

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