viernes, 7 de febrero de 2014

Esta noche te hago mil abortos - El joven indecente y su columna del viernes

"Soy un escritor que escribe para follarse a la peliteñida y desearle buenas noches en miles de páginas contiguas. Soy uno de esos que escribe porque cree que es lo que mejor hace así lo haga mal. ¿Por qué escriben los escritores? Por no dejar morir al mundo en manos de la televisión y el reggaetón a todo volumen"






Escribir es un talento que se logra escribiendo, no hay otra forma. Ni forma, ni fórmulas, ni alquimia secreta.  Sólo sentarse y mirar la hoja en blanco y dejar que las palabras vayan llegando, sin más, sin esfuerzos. Van y vienen, las letras, las palabras. Cerrar los putos ojos y pensar en la mujer del vecino, esa rubia de pelo teñido, sin tetas pero con tremendas piernas. Pensar en la rubia de pelo teñido y pensarla en lencería, en cuquitos, en pijama o en tacones. Hundírsela sin piedad hasta el otro mundo, que pida compasión, que pida serenito a mil. Rubia de pelo teñido, no sabes de lo que te estás perdiendo aquí, traigo fuego en mis pantalones y te hago mía cuando se me da la gana. Luego vas a algún lado, a un bar, a un café, con tu marido, no lo sé. Vas a algún lado y llegas a mí oliendo a ciudad, a miedos, a cigarrillo. Llegas a mí y no lo sabes, ni lo presientes, nos vemos en la calle y no sabes que suspiro por ti, que te he puesto en mil poses y tu marido no lo sabe, nadie lo sabe, sólo el papel y yo. Un día me entran ganas de decírtelo todo, de raptarte y llevarte fuera de esta ciudad en moto, en avión, en carro o a pie. Llevarte fuera de la ciudad y que traigas esas tremendas piernas hacia a mí  y me digas beibe, no te preocupes por mi marido, es un marica, no vendrá por mí ni por ti, no se atrevería a moverse a más de cien metros de su madre, es un marica. Beibe, hazme el amor bajo las estrellas, sobre la tierra, en una carpa, en las montañas. Y yo te digo nena, esta noche te hago mil abortos y uno más por si el sol aún no ha salido, por si el tiempo se detiene y sólo tengo tus ojos en la oscuridad. Y yo te digo nena y tú me dices beibe. Y me miras a los ojos y me dices que también te gusto, que siempre te he gustado. Y soy el hombre más feliz del mundo, pero no pasa, no sucede, no te tengo, ni siquiera en sueños. Hoy me desperté a las seis de la mañana para verte por la ventana, alistaste la blusa rosada y la falda negra como de costumbre los miércoles. Vas al armario y sacas un par de medias veladas color piel. Alzas tu pierna derecha y la deslizas suavemente con una paciencia angelical, como si me dejaras admirar cada centímetro. Alzas tu pierna izquierda y los buseteros madrean por tu belleza. Deberías estar en frente mío y hacer tu ritual para siempre, deberías estar en frente mío y verme a los ojos con tus ojitos color avellana y decirme que quieres irte conmigo a cualquier lugar. Conservo tu imagen fresca en mis memorias y me preparo un café. No asimilo que un puto tombo tenga tanta belleza en su casa, no sé cómo una rubia de pelo teñido con tremendas piernas y con pocas tetas se acueste en la misma cama con un puto vecino tombo. No sé cómo no soy un puto tombo vecino. Soy tan solo un escritor y no soy uno bien vestido, ni con olor a perfume de tienda de esquina, ni carro modelo 98’. Soy uno simple, que no halla la alquimia secreta, ni la fórmula, ni la forma. Que se ve a sí mismo al espejo y aborrece la necesidad de algún tipo de estética. Que escribe por no morir aunque escribir sea de alguna manera morir de a pocos. Que lo saca todo desde las entrañas, que deja la bilis en las páginas, que aborrece a la política y a la Iglesia. Que escribe por miedo, por odio, por pasión, por nada, por todo. Soy un escritor que escribe para follarse a la peliteñida y desearle buenas noches en miles de páginas contiguas. Soy uno de esos que escribe porque cree que es lo que mejor hace así lo haga mal. ¿Por qué escriben los escritores? Por no dejar morir al mundo en manos de la televisión y el reggaetón a todo volumen. El café se acaba, enciendo un Lucky Strike y  tú sales del edificio perdiéndote en la esquina. Voy al estéreo y pongo Money de Pink Floyd, me tiendo en la cama y cierro los ojos.

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